Alice in der land

Alice in der land

martes, 31 de julio de 2007

Cadáver maldito.

Ha volado pájaro que observa nocturnas
(vacilaciones)
E importa cuando será quién
Aquél que diga: He volado nocturno al escote de la musa muerta.
Es más fácil morir luego de las cinco de la tarde,
Porque los relojes parecen inaugurar los nocturnos pájaros.

Las canciones remontan vuelo,
La lucidez remonta conciencia,
Ha volado pájaro que vuela sobre mares,
A la mar ha muerto luego de las 5 de la tarde.

Mañana se despierta,
Y es cadáver maldito.

domingo, 29 de julio de 2007

Cuándo mañana despierte el ayer.

A veces recuerdo un sueño o a veces recuerdo el recuerdo de un sueño que es estar ahí pero dónde o no poder ponerle epigramas a la sensación, porque a veces se recuerda en reversa el sueño de escribir un sueño o seguir la estela de la lectura de mi mente cuando aparece repetido el trazo en yoatraveséestetrayecto -te lo juro- pero es un sinsentido jurar que estuve acá anoche escribiendo estas mismas letras y con razón se perdió al despertarme.
Pero te digo: otra vez estoy dormida hasta que cierre los párpados y recupere el texto. Cremme, otra vez estoy dormida porque estuve acá ayer escribiendo este texto, ahora pero cuándo porque fue ahora ayer, y lo sé porque es cómo una esquizofrénia acá, pero dónde, estuvo todo porqué.
Parece fácil de explicar pero no lo es, vida mía se desplazó en psicosis sueño lúcido inminente inmensidad porque ahora estoy durmiendo el sueño de ayer. ¿Ves? ¿Podés? Porque exactamente esto leían tus ojos despiertos mañana pero cuándo y no es que lo pregunte, porqué, una certeza en la opacada nocturna: este texto se perdió en el recuerdo de un recuerdo de un sueño hasta que despierte al posar mis párpados.

sábado, 28 de julio de 2007

Cuento: Qué cómo, cuándo pero dónde.

Parece que en principio ella no se mueve porque, perra que levanta la cola suave cual corsario riendo las notas del alcohol de las diez, entonces qué linda mirada pero te dice que vamos, que terminó la hora y porqué porque yo no pretendo jugar al juego que vino viniendo. Ella se levanta y caja de maquillajes, primero el rimmel, siempre el rimmel porque ojos pintados y pasame el vino por favor, pero tomá nota que a las diez se termina la hora y para qué si vos no te vas a horario nunca. Dale, te gusta el juego, sí está bien y gracias pero ahora escuchemos un poco de Chico Buarque. Ella empieza a moverse como arremangada de piel con ese amuleto perfecto que es lunar y te gusta chico buarque, y para qué si después empieza a contar del viaje a Brasil y yo me siento Alejandra la imbécil que nunca conoció más allá de sus narices a la perra muerte y porqué la perra muerte qué pasame la botella y está bien fría, así me gusta y ahí la mano, quedate así como cuando viene esa ola de frío en un invierno del 1997, al lado de la estufa que se apaga con las ráfagas y las burbujas del vino y bien porque en el viaje conocí a Eduardo. Pero entonces qué cuál es el sentido de Isabel? Porque entonces pasame un scon, porque entonces dale que se termina la hora y tengo que volver a las sabanas, pero no, quedate, quedate a dormir, te querés quedar y que después pero no pasa nada, muevo las manos y onduleo y querés cafe, pero entonces ella te explica que el trayecto es largo, que un hombre es un pene, un pene es un hombre, es un gato ajeno o un amuleto perfecto como aquel lunar negro que se lleva siempre pero nunca se ve porque entonces es lo mismo que construir una historia sobre Cortazar y Alejandra conociéndose en una calle de París y ella soñando con caer al Sena y el salitre en la boca y eso, eso es un hombre, pero qué hasta donde llega la espiral de historias nadie lo sabe porque la música sigue y si te gusta Chico Buarque, y no, no me gusta Isa, y entonces pido un champagne para la habitación 8, son como las burbujas que suben pero nunca se sabe el trayecto que sigue una noche como esta, cuando me acerco al hogar de leña y ella me pasa una mano por la parte interna de los muslos y sube y le desprendo el corpiño como si tuviera un delicado film de vida entre mis manos, cómo cocinar de repente a una Princesa y si ella lo sabe, todo es solamente cadáveres de la inocencia porque entonces abre su cartera y saca un collar y suena la música de fondo y es la onceava Romanza de Dvorál mientras que los violines se parecen a aquel que fue la última vez que Isabel decidió que ya era hora.
Está bien, deslizo las bragas por entre tus piernas por si las dudas ahora mis dedos se mueven con la autosuficiencia del alcohol entremezclado con la ironía de tenerte acá, porque sé que te irás, dime que haces en un paraje a mitad de la vida con una mina como yo, que no sabe bien que es lo que es vivir o quizás sí pero tu no lo entenderás y tus pantimedias están rotas Isa, pero no importa porque las burbujas del champagne curan todo, dale, llorá, llorá en mi regazo y quedate dormida, no importa el tiempo porque entonces podemos seguir la historia en donde te quedes, ahí quietita y congelada en mi regazo, llorá Isa, llorá. Parece qué las gotas de agua se evaporan ni bien mis ojos, pero sí, es así porque el llorar es un acto esporádico de la humanidad, para que algo no sea constante, para que yo no sea constante y ahora querés tomar el licor de café: pasame el vaso. Pero qué cuál es el sentido de tomar y entonces Macedonio Fernandez en sus delirios te hablaba a mí y a vos, entendés Alejandra y sí y si no está bien, vamos a la esquina por un séptimo…No, basta, ya tomaste mucho pero entonces pasa la hora y son las diez y dijiste que basta y porqué basta si sigo y ahora te pongo una mano en la cintura y Piazzola de fondo con La Cumparsita mientras me seguís el paso porque el séptimo regimiento no, no es suficiente, nos movemos, izquierda, atrás, atrás, derecha y seguí el ritmo Isa porque no se termina la noche, no, mirá qué no, el 206 pasa a toda velocidad y decide que no valemos la pena, que no nos va a llevar a los confines como uno de los desconocidos para después jugar, y qué eso es la inocencia, está bien, un par de pantimedias y chicho Buarque sonando de fondo o quizás el bandoneón pero se pierde en el relato que te hago de la noche sin nombre, movete, eso, movete al ritmo del violín Isa, porqué Alejandra, pasame el champagne que se apagan las gotas pero no, ahora el alma tiene ese sentido de penumbra en mis dedos, ahora te tengo, ahora tu cintura es la mía y nos movemos al compás pero parece que empieza a detenerse y pero no, y qué seguí pero bueno está bien, es como las burbujas del champagne que suben y se disipan o un archivo que se perdió en el alcohol o un par de balbucéos inofensivos, así, como yo poniendo mi mano en tu entrepierna y el reloj dando las diez. Sube y punto.
Sube.
Punto.

martes, 17 de julio de 2007

Asesinato de la conciencia

El pueblo era eternamente nocturno. Obscuridad, sí, estabamos sumidos en la obscuridad.

Viene él, me dice que vayamos a la escollera, me pregunta si quiero nadar desnuda para él.

-¿El mar de la verdad, cierto? -le pregunto sin dejarlo responder, porque delizo suave mi vestido y me lanzo al agua. Quizás morí, no lo sé.

Él me observa nadar en el mar en el que la verdad es mujer y digo unas cuantas palabras para que las turbias aguas se hagan cristalinas.

El fondo. El cadáver de una mujer en el fondo.

Salgo. Sabor a salitre en mi boca. Él me abraza con una toalla mientras que silencio el crimen visto, en la seguridad de que él lo tiene presente.

Caminamos en silencio varios kilómetros hacia el pueblo de las luces. Recordamos: "Nunca ir al pueblo de las luces". Entonces, se cruzan esas dos mujeres pálidas acompañadas de dos niñas silenciosas. Pasado y presente.

Tengo la seguridad de que aún nadie las ajustició, porque miro hacia las aguas y el cadáver de la dama nada, siguiendo nuestros caminos.

Aquí está. Legamos. El submarino amarillo.

¿Podría mostrarles la verdad? El faro señala esos negros árboles allí dondo se gesta aqyuello que amenaza al pueblo de las luces. Nos hundimos en las aguas y parece no haber vida. Solo un cuerpo, desnudo, gelatinoso... bajamos.

-¿Podrías enseñarnos a ver? -pregunta una de las niñas.

Podría, es solo que no tengo idea cómo. Pero ahí sobreviene, lo presciento, la taquicardia sube, suena la puerta... es él. Me dice que sucedió, que debemos verlo.

Habían encallado el submarino amarillo y el pueblo de las luces estaba dentro. Ya no les mostraba la verdad, estaba congelado en ese sitio, la gente dentro con sus hipócritas risas y cocteles de por medio, yo que observaba el mar, porque ahora muchos cuerpos salían a flote, ahora venía la cuenta regresiva, el mar se llenaba de cuerpos, se encendian las luces a mi alrrededor, el submarino a obscuras y el silencio reinante.

Ahora había vida... y muerte.

domingo, 1 de julio de 2007

Derramados vestigios

Entre sus dedos hay un silencio,
Quebrado ahora por el sonido,
Si es el tiempo el que sulfuran entre sus dedos,
Si no son tan desconocidos por palabra de ayer.

Suena chupando los dedos,
Alma,
Ella entera (aún los pedazos quedan juntado en un esquina).
¿Por qué tan apagados cantos?
De irte por entre los dedos,
De irte por entre el alma.

No te alcanzaré el roce,
Ahora quemaron las yemas.

sábado, 30 de junio de 2007

Carne Real

No resguarda el tiempo,
ni las grises insignias de los deslogros,
ni las negras marcas de la navaja sin sangre,
ahora sangre negra o nada,
esclavas de las hojas de los designos
pero se ha designado Rey en el canto,
solo voces han censurado sus palabras,
o las mías en él,
la corona de la Reina de almibar seco,
dulce por crudeza,
o cruda la realeza que la tiñe toda.

Era bordó, algo rojiza su sangre,
bebida en sueños, por eso ensueña que la sabe,

ha volado como ave muerta,
ha anochecido los ángeles sureños de su muerte,
el cristal la ha desvestido.

Desnuda camina recto.
No vacila.
Solo camina al desdén del destino: La vida, post mortem, esta vida.

viernes, 29 de junio de 2007

A look in to the glass (himself or another)

“Vivre et mourir devant un miroir” –Baudelaire.

M dormía 12 horas diarias. Vivir en soledad es un modo de vivir menos o más, probablemente más porque se reducen las horas de vida, ya que estás horas merecen más crédito que las horas de casado, pero en fin, el vivía la mitad de la vida en sus sueños y la mitad de la vida en el mundo real, si quizás la realidad era solo un modo de soñar un poco, ya que ¡qué demonios! El hacía media vida de sueño y media de vida. En resumen, era un hombre solo por medio día, el resto del tiempo era una marmota o cualquier semejanza de inmunda creatura sumida en la vagancia más criticable: la del soltero.

Se dormía a la 1 am, luego de ver su programa televisivo de chusma con cualidades admirables para el cotorreo, luego de su, probablemente, sexto vaso de vino, entre borracho y en estado de coma, pues el coctel era el vino más las etuminas recetadas por el doctor para dormir, pero por suerte el sueño lo vencía antes de que pudiera seguir metiéndole más alcohol y pastillas a su mugrosa sangre. Se podría decir que el pobre de M ahogaba sus penas de vida desnuda de damas, en esas copas, entre esas píldoras, si al fin y al cabo no tenía nada mejor que hacer, cobraba una pensión que el estado le dejaba por quién sabe qué cosa del destino, de trayectos de la madre o negocios ilegales del padre, como sea, vida de soltero y huérfano, vulgo medio, poco caballero, de malos modales pero con un solo atributo: su amor por la lectura.

Así era como a la 1 pm, respectivamente, sonaba su despertador. Tardaba un poco en volver en sí, en incorporarse como corresponde, debido a la constante resaca y el ajetréo de un pobre solterón alcoholico.
La vagancia era uno de sus defectos, o una extraña cualidad que le permitía sucumbir en su lectura cotidiana hasta que leyó la siguiente frase: “Cuando dormimos estamos despiertos en otro lado, así, cada hombre es dos hombres”.
Dejó el libro. Se puso a pensar que otro hombre sería él, quizás casado y con hijos, quizás llevando una vida patética y denigrante como la que él llevaba, quizás era un exitoso empresario o quizás un bohemio pintor de vanguardia… pero una ansiedad empezó a retomar su mente cada vez que las copas de alcohol comenzaban a apoderarse de su persona, se preguntaba una y otra vez quién era, iba, se miraba en el gran espejo de la sala, observaba todo su cuerpo e ilusamente imaginaba el hombre que podría haber sido, ese que no se rendía ante nada, ni ante el alcohol ni ante la dejadez negligente, ese gran hombre de mundo y conocimientos, ese hombre estimado, aplaudido, al que todos admiraran y siguieran, el gran artista, el gran empresario, el gran esposo.

Y ahora estaría durmiendo. ¿Qué pasaba entonces si cambiaba su rutina? Entonces el gran hombre que era mientras dormía ya no sería, nunca más, el hombre que era. Entonces era dos hombres pero tenía en su poder el conocimiento de poder elegir ser el otro hombre, podía decidir por el otro, decidir abandonar la botella, decidir cambiar la rutina y el otro tendría que llevar su mugroso estadío de cochino dormilón.

Se sirvió el séptimo vaso de vino del día. Eran las 12:44. Se sirvió el séptimo, el octavo, el noveno, el décimo y ya eran la 1:37 para cuando fue al espejo, decidiendo que esta vez el otro hombre no se levantaría, que esta vez sería él quién pudiera tomar el timón de su indecente vida y entonces se dirigió al espejo, los colores comenzaron a entremezclarse, se vió veinte años más viejo, cabellos entre cobrizos y canos en vez de negruzcos, la barba afeitada, los ojos un poco más obscuros, pero su misma mirada posada en ese vidrio reflector de su persona, silbando algo y de repente una súbita expresión. El hombre cincuentón de la imagen gritaba, gritaba estrepitosamente, una mujer se acercaba a él, comenzaba a tomarlo del pecho y su expresión era grave, angustiosa, los observaba, lo acariciaba mientras sus lágrimas cincelaban el rostro, estiraba la mano para tomar algo (cómo si de su lado hubiera un botiquín) y ahora un frasco en sus manos, un frasco tomado erróneamente, un frasco de pastillas que no correspondían a ese hombre, ese hombre que debía de haberse levantado hacía más de 37 minutos, tomando sus usuales píldoras para el corazón.

Nunca supo si estaba durmiendo o despierto, teniendo una pesadilla o tan solo imaginando, si fue un sueño, el alcohol, o un difuso lapsus temporal a través de un espejo… pero algo era seguro, ahora pertenecía a si mismo, era inmortal, ya no era dos hombres sino solo la espectral imagen de lo que es y lo que podría haber sido en simultáneo.