Alice in der land

Alice in der land

lunes, 9 de abril de 2007

Tantalia

De Macedonio Fernández

El mundo es de Inspiración Tantálica

Primer momento: El cuidador de una plantita.

Él acaba por convencerse de que su sentimentalidad, aptitud de simpatía, que viene desde tiempo luchando por recuperar, está agotada, y en los sufrimientos de este descubrimiento cavila y halla por fin que quizá el cuidado de una plantita endeble, de una mínima vida, de lo más necesitado de cariño, debiera ser el comienzo de la reeducación de su sentimentalidad.Ocurre que pocos días después de esta meditación y proyectos en suspenso, Ella, sin sospechar tales cavilaciones pero movida por una aprensión vaga del empobrecimiento afectivo en él, le envía por regalo una plantita de trébol.Él resuelve adoptarla para iniciar el procedimiento entrevisto. La cuida con entusiasmo durante un tiempo y cada vez más se percata de la infinidad de atenciones y protecciones, expuestas a un descuido fatal, exigidas para la seguridad de la vida por un ser tan débil, al que un gato, una helada, un golpe, sed, calor, viento, amenazan. Se siente intimidado por la posibilidad de verla morirse un día por mínimo descuido; pero no es sólo el temor de perderla para su cariño, sino que conversando con Ella, cavilosos como todos los que están en la pasión, y más cuando en esa pasión uno decae, llegan a la obsesión de que exista algún nexo de destinos entre el vivir de la plantita y su vivir o el de su amor. Fue Ella la que un día vino a decirle que ese trébol fuera el símbolo del vivir del amor.Empiezan a temer que la plantita muera y muera así, uno u otro, y lo que es más: el amor, única muerte que hay. Se ven sucesivamente, meditando en coloquios, creciendo el pavor a que se ven sujetos. Deciden entonces anular la identidad reconocible de esta plantita para que, eludiendo el mal presagio de matarla, nada haya identificable en el mundo a cuyo existir esté supeditada la vida y amor de ellos; y al par así, sitúanse en la asegurada ignorancia de no saber nunca si aquel existir vegetal que tan singularmente se había hecho parte en las vicisitudes de una pasión humana, se muere o vive. Resuelven, entonces, de noche, en un paraje no reconocible para ellos, perderla en un vasto trebolar.

Segundo momento: Identidad de una mata de trébol.

Pero la excitación que iba creciendo desde algún tiempo en Él, y el desencanto de ambos por haber tenido que renunciar a la comenzada tentativa de reeducación de su sensibilidad y al hábito y cariño de cuidar a la plantita que alboreaba en Él, se traduce en un acto oculto que realiza al retorno de esa labor de olvidación en las sombras. En el trayecto, sin que lo advirtiera de fijo pero con algún pulso de zozobra en Ella, sin embargo, Él se inclinó y cogió otra mata de trébol.—¿Qué hacés?—Nada.Ambos se separaron al amanecer, quedando en Ella algo de sobresalto, en ambos el alivio de no reconocerse ya dependientes del vivir simbólico de esa plantita, y en ambos también la pavura que nos viene de todas las situaciones de lo irreparable, cuando acabamos de crear un imposible cualquiera, como en este caso el imposible de saber jamás si vivía y cuál era la plantita que fuera al principio obsequio de amor.

Tercer momento: El torturador de un trébol.

“Por múltiples modos y males me veo sin placeres ni de inteligencia o arte ni sensuales, que se brindan en torno. Me voy quedando sordo habiendo sido la música mi mayor goce; los largos paseos entre los cercos se hacen imposibles por mil detalles de decadencia fisiológica. Y así en las demás cosas...“Esta plantita de trébol ha sido elegida por mí para el Dolor, entre otras muchas; ¡elegida! ¡pobrecita! Veré si puedo hacerle un mundo de Dolor. Si su Inocencia y su Tortura llegan a tanto que estalle algo en el Ser, en la Universalidad, que clame y logre la Nada para ella y para el todo, la Cesación, pues el mundo es tal que no hay siquiera muerte individual; el cesar del Todo o la eternidad inexorable para todos. La única cesación inteligible es la del Todo; la particular de que el que ha sentido una vez cese de sentir, quedando existente, cesado él, la restante realidad, es una contradicción verbal, una concepción imposible.“Elegida entre millares, te tocó a ti serlo, serlo para el Dolor. Aún no; ¡desde mañana seré contigo un artista en Dolor! “Durante tres días, sesenta, setenta horas el viento del verano estuvo constante oscilando dentro de un corto ángulo, fue y volvió de un acento y de una dirección a una pequeña variante de acento y dirección; y la puerta de mi habitación retenida en su batir entre el quicio y una silla que puse para acortar su oscilar, batía sin cesar, y el postigo de mi ventana golpeaba también sin cesar sometido al viento. Sesenta, setenta horas la hoja de la puerta y el postigo cediendo minuto a minuto a su distinta presión, y yo al par, sentado o columpiándome en la silla de hamaca.“Parece entonces que yo me dije: esto es la Eternidad. Parece que fue por esto que veía yo, por esa formulación de hastío, de no sentido de las cosas, de no finalidad, de todo es lo mismo, dolor, placer, crueldad, bondad, que hubo nacido el pensamiento de hacerme el torturador de una plantita.“Ensayaré —me repetía— sin intentar ya amar de nuevo, torturar lo más endeble e indefenso, la forma más mansa y herible de la vida: seré el torturador de esta plantita. Esta es la pobrecita elegida entre miles para soportar mi ingenio y empeño torturador. Ya que cuando fue mi ánimo hacer la felicidad de un trébol tuve que renunciar al intento y desterrarlo de mí bajo sentencia de irreconocibilidad, el péndulo de mi pervertida y descalabrada voluntad transporté al otro extremo, surgiendo de súbito en una mutación opuesta, en el malquerer, y alumbró prestamente la idea de martirizar la inocencia y orfandad a fin de obtener el suicidio del Cosmos por vergüenza de que en su seno prosperara una escena tan repulsiva y cobarde. ¡Al fin y al cabo, el Cosmos también me ha creado a mí!“Yo niego la Muerte, no hay la Muerte aún como ocultación de un ser para otro, cuando para ellos hubo el todo amor; y no la niego solamente como muerte para sí mismo. Si no hay la muerte de quien sintió una vez, ¿por qué no ha de haber el dejar de ser total, aniquilamiento del Todo? Tú sí eres posible, Cesación eterna. En ti nos guareceríamos todos los que no creemos en la muerte y no estamos tampoco conformes con el ser, con la vida. Y creo que el Deseo puede llegar a obrar directamente, sin mediación de nuestro cuerpo, sobre el Cosmos, que la Fe puede mover montañas; creo yo aunque nadie otro creyera.“No puedo reavivar el lacerante recuerdo de la vida de dolor que sistematicé, ingeniándome cada día en nuevos modos crueles para hacerla padecer sin matarla.“Como por sobre ascuas tendrá que decir que la colocaba todos los días próxima e intocada de los rayos del sol y tenía la prolijidad de crueldad de alejarla con el avanzar de la mancha del sol. Apenas la regaba para que no muriera y en cambio la rodeaba de recipientes de agua y había inventado fieles rumores de lluvia y lloviznas vecinas que no llegaban a refrescarla. Tentar y no dar... El mundo es una mesa tendida de la Tentación con infinitos embarazos interpuestos y no menor variedad de estorbos que de cosas brindadas. El mundo es de inspiración tantálica: despliegue de un inmenso hacerse desear que se llama Cosmos, o mejor: la Tentación. Todo lo que desea un trébol y todo lo que desea un hombre le es brindado y negado. Yo también pensé: tienta y niega. Mi consigna interior, mi tantalismo, era buscar las exquisitas condiciones máximas de sufrimiento sin tocar a la vida, procurando al contrario la vida más plena, la sensibilidad más viva y excitada para el padecer. Y logré que en esto el dolor de privación tantálica la estremeciera. Mas no podía mirarla ni tocarla; me vencía de repulsión mi propia obra; (cuando la arranqué, en aquella noche tan negra a mi espíritu, no miré hacia donde estaba y su contacto me fue por demás odioso). El rumor de lluvia sin alcanzarle su húmedo frescor hacíala retorcerse. ¡Vergüenza!“¡Elegida entre millones para un destino de martirio! ¡Elegida! ¡Pobrecita! ¡Oh!, tu Dolor ha de saltar el mundo. Cuando te arranqué ya estabas elegida por mi ansia de atormentar.”

Cuarto momento: El amigo.

Vemos a su amigo Luis entrar a su habitación; y en el centro de ésta detenerse, pálido y hurgando todo en torno con la mirada, agitado.—Venía a sacarte de aquí para distracción. Pero me he sentido aquí amenazado con un sufrir súbito. ¿Es que aumenta tu malestar?Él, sentado como pasaba las horas espiando a la plantita reseca y helada entre él y la ventana, separada de la lluvia y del rayo de sol que unos días u otros podían regarla o calentarla, contestó:—Como siempre.Agitándose, Luis gritó:—¿Pero quién sufre aquí? ¡Qué destrozarse, qué agonizar! Me voy a respirar.Él, avergonzado, rojo de rubor, quedó retorciéndose. Exclamaba, mirando por donde partía Luis: Feliz de él, feliz, feliz. Quinto momento: Nuevo sonreír.La fórmula radical, íntima, de lo que él estaba haciendo miserablemente, era la ambición y ansiedad de lograr el reemplazo por la Nada de la Totalidad, de todo lo que hay, lo que hubo, lo que es, de toda la Realidad material y espiritual. Creía que el Cosmos, lo Real, no podría soportar mucho tiempo, avergonzándose de albergar en su ámbito una escena tal de tortura ejercida sobre un primer eslabón de lo viviente más frágil, por el mayor poder y dotación de lo viviente. ¡El hombre tiranizando un trébol! ¡Era para eso que había advenido el Hombre!La irritación de lo rehusado después de ofrecido enloquece de perversidad a un hombre de máximo pensamiento. De ahí el martirio cobarde, el repugnante complacimiento del mayor poder en una alevosía a un mínimo existir.Su pensamiento sabía la igual posibilidad de la Nada y el Ser, y creía inteligible y posible una sustitución del Todo-Ser por la Todo-Nada. Él, como el máximo de la Conciencia de Vida, como hombre y hombre excepcional en dotes, era quien podría en un refinamiento último de pensamiento haber hallado el resorte, el talismán que podría determinar la opción del Ser por la Nada; opción o reemplazo o “empujamiento afuera” del Ser por la Nada. Porque verdaderamente, dígaseme si no es así, si no es cierto que no hay elemento alguno mental que pueda decidir que la Nada o el Ser difieran en su posibilidad de darse en grado alguno; si no es totalmente posible que se diera la Nada en lugar del Ser. Esto es cierto, evidente, porque el mundo es o no es, pero si es, es causalístico, y así su cesación, su no ser es causable, aunque el resorte buscado no determinara la cesación del Ser, quizá otro la determinaría... Si el darse el Mundo o la Nada son de absoluta igual posibilidad, en este equilibrio o balanza de Ser y Nada, una brizna, una gota de rocío, un suspiro, un deseo, una idea, pueden tener eficacia para precipitar la alternativa de un Mundo de Ser a un Mundo de No-Ser.Vendría un día el Salvador-de-Ser...(Yo lo digo comentando, teorizando lo que él hizo, pero no soy Él)Pero Ella vino un día:—Dime, ¿qué hiciste aquella noche, porque yo sentí el opaco rumor de un desenraizar de matita, el sonido de la tierra que apaga el arrancar de una tierna raíz ¿Eso es lo que yo oí?¡Y entonces: Él se sintió de nuevo en su natural después de una larga peregrinación tras de respuesta, y se echó a llorar en brazos de Ella y la amó de nuevo, inmensamente, como antes! Era un llanto que hacía diez o doce años no lograba derramarse, que hinchaba su corazón, que había querido hacer estallar el mundo, y al serle recordado el gritito, el murmullo abismante del dolorcillo vegetal, de pequeña raíz arrancada, ¡fue eso! lo que necesitó su naturaleza para que el llanto, desbordándose, lavara su ser todo y lo volviera a los días de su plenitud de amor... Un gritito sofocado de raíz doliente entre la tierra, así como pudo decidir hacia el No-Ser toda la Realidad, pudo entonces cambiar toda la vida de Él.Yo lo creo. Y lo que cree todo el mundo es mucho más de lo que nuestro creer en esto —¿quién se mide en el creer?—; no me digáis, pues, absurdo temerario en el creer. Cualquier mujer cree que la vida del amado puede depender del marchitarse del clavel que le diera si el amado descuida ponerlo en agua en el vaso que ella le regaló otrora. Toda madre cree que el hijo que parte con su “bendición” ya protegido de males. Toda mujer cree que lo que reza con fervor puede sobre los destinos. Todo-es-posible es mi creencia. Así, pues.Yo lo creo.No me engaña el verbiario hinchado del plácido ideario de muchos metafísicos, con sus juicios fundados en juicios. Un Hecho, un hecho que enloquezca de humillación, de horror, al Secreto, al Ser-Misterio, el martirio de la Inocencia Vegetal por la máxima personalización de la Conciencia: el Hombre, por el máximo poder no mecánico. Un hecho tal, sin necesidad de verificación, meramente concebido por una conciencia humana, creo que puede estremecer hacia el No-Ser todo lo que es.Concebido está; luego la Cesación está potencialmente causada; podemos esperarla. Pero la milagrosa re-creación de amor concebida al par por el autor, batallará quizá con aquélla o triunfará más tarde después de realizado el No-Ser. En verdad el continuo psicológico conciencial es una serie de cesaciones y re-creaciones más que un continuo.Los he visto amarse otra vez; pero no puedo mirarlo a él o escucharlo sin súbito horror. Ojalá nunca me hubiera hecho su terrible confesión.

sábado, 3 de marzo de 2007

Cu en to2 (m3ente): Adulterio.

Dedicado a vos.

Podría ser que el autor esté loco. Quizás un día deliró un código, 3h 1979. Está en un departamento, escribiendo estas palabras, San Juan al 1379, dpto H, piso 3, pero ya murió hace tiempo y la casa fue demolida. Se llamaba Jorge y conocía a los Delarze. Distinto de su ascendencia, tenía anteojos y barba, fumaba habanos por la mañana en su casa de tres habitaciones, quizás se covertiría en el hotel que nunca existió. Se levanta y abre la ventana, escribiendo su diario matutino en su cabeza.
Hoy no hay aves.
La leche está fría.
Nora vino, hicimos el amor monótonamente como cada noche, pero todavía no reclamó.
El nene de mañana a las 4 me vuelve loco con su llanto.
Vanesa tiene HIV.
Extraño a Natalia.
Y yo también.
Me despierto y me acuerdo, J, que el café me gusta preferentemente con Bailey's y crema y soy amante del té tibio. No cerrés la puerta tan fuerte cuando te vayas del hotel a las 6, para que ella no se entere.
Y si se enteró es su problema, Nora no hace reclamos pero yo me voy urgente, es 28 de Octubre a las 12 en punto: Timbre en el neuropsiquiátrico.

Esperame que ya te atiendo, me tengo que desvestir.

Cu en to1 (2): En la ciudad de la casa

Dedicado e inspirado en J.Cortazar, de tu gran admiradora, Natalia.

Llovía sobre sus paraguas negruzcos, marrones y grisáceos. Era la hora de la comida y el cielo ya se cincelaba rosado. Vió que él se iba para que se ocupara la casa de al lado con tres nuevos vecinos, dos menores y uno mayor que ella aún no había visto. Solo sabía lo que era ser la menor de dos cuando llueve. Apuró el paso para ir expectante a su mesa. Otra vez la pobreza ponía lechuga con pan en el plato.
Al menos pan, para alimentar a las hormigas, viendo como se disputaban los pedazos las negras, cuadruplicando el tamaño de las rojas que a duras penas levantaban las migajas diez veces su peso.
Hurgó por todo el jardín en busca de aquella que comería la lechuga, la única de sus tres tortugas que había decidido no enterrarse en invierno, pero jamás la encontró.
Miró el cielo que ya amarillaba, el frío que calaba los huesos y decidió ir, antes de que enrojezca, a su terrario de tapa rosa, en el que atesoraba 32 caracoles pequeños. Les hechó un poco de pasto y regó con agua su tierra reseca. Se apresuró a buscar un nuevo integrante porque el cielo ya empezaba a gotear. Encontró un candidato bajo un banco, el más pequeño de todos, al que puso en reemplazo de otros dos mayores que sacó. Ya era hora.
Corrió dentro de la casa para no mojarse, sus dos hermanos no estaban. Intentó advertirle a los vecinos, pero no tenía las llaves de la casa. Subió corriendo a su habitación, para observarlos por la ventana, por última vez mientras el cielo rosado bañaba sus cabellios, y ellos cerraban sus ojos para dormir.

martes, 23 de enero de 2007

Soslayo de luna bajo las estrellas malditas.

El sol no penetra las rejas de mi ventana,

La noche en penumbras, aún sin amaneceres,
Podría haber caminado pero me sumí en el insomnio…

Ojos negros que solo piensan en la calle vacía,
Ojos negros que vuelven a ver esos caminos y caminar esta noche no fue atrayente,
Casas vacías por ser pobladas,
Casas sin nombres,
Humanos que me desconocen,

Timbres que toco eternamente, suelos que piso,
Sueños que vuelo….

Maldita noche que no es eterna,
Mañana el sol quemará mi sonrisa y
¿Importarán los ojos vacíos?

Bussines is not distribuyed to the exterior;
Ella en su llanto sola en su habitación y yo en el mío.

La veo llorando acostada en la cama,
Leo mis letras y la veo escribiéndola,

La calle en silencio y yo sabiendo que mi piel se seca,
Sueños que amenazan con morirme eternamente,
Sueños que me hacen vivir,

Obsesiones que solo logran hacerme caminar calles vacías,

Manos que tocan caricias que se fueron,
Ellas llorando a la almohada
¿Cómo decirles?
Yo también lloro a mi almohada que hoy no sueña:
Hoy, oniria eterna de las obsesiones: carne de nada, frita, masacrada, carcomida, coagulada.

domingo, 21 de enero de 2007

The daylight dying

Abrir los ojos al cielo y ver el vacío.

Silencio de almas.

Silencio del egoísmo.

Abrir los ojos a la tierra y ver el infierno.

Pasando puertas,

Una y otra vez pasando puertas,

Mirar la palabra corrupción

Mirar y mirar el cielo

Mirar y mirar el infierno: Mirar el infierno ciego: Mirar el infierno del cielo.

Mirar lo que quiero ver.

Ver lo que otros ven.

Querer ver los ojos de otros.

Pero hay ojos: No me miran y se fueron.

Pero mis ojos: Miran soledad.

Vida que sale y ve los ojos del odio.

Vida que sale y ve la imposición: trabajar para la corrupción del mundo.

Vida que quiere una sola corrupción: trabajar para la imposición del mundo.

Mientras tanto a las almas no las toca nadie, las tocan los silencios.

Volvemos al velo: Mirar la muerte cercana de lejos, tocar almas y querer que toquen nuestras sinfonías: Las sinfonías que tocamos a otros.

¿Cómo?

Recuerdo esa frase en un pequeño libro añejado en mis manos… Qué lindo caminar descalzo cuando se tienen zapatos.

The non stupid vanguardism: Sadness.-

Sentir que quiebro el deseo de vida,
Sentir que veo todas las almas que no puedo tocar
No poder rasguñar la mía
Mis lágrimas de la infelicidad alegre,
Ahora que comprendo que poder se puede
Ahora que comprendo que son elecciones,
El egoísmo es la pureza de querer no serlo
Serlo es la pureza de hacerse,

Hacerse, allí en donde el único problema es el mismo:
Caminar hacia un destino en el que la soledad es uno.

Abandonar lo que duele para que vuelva.

Mamá: Abandonarte para tenerlos, tenerlas, tenerme y tener a todos algún día:

Qué no me abandone la vida que no pienso abandonar.

miércoles, 17 de enero de 2007

Luna y Sol: estrellas mundanas.

Despertaba a la hora justa, confusa en aquel aire que ya no corría entre las paredes.
Agudizaba presencias en su oído, para cercionarse de estar con ella. Dando pasos en la libertad perdía el tiempo. Hallándose mirando perpleja las manos que no conocía.
Tocando las pieles que no irigan, su amada ella.
Pasos entre el piso atérmico.
Levantó la vista. La casa siempre fue pequeña de día. La invandió la aplomante desolación. Ella parada en la casa grande para ella. Los pisos hediondos y ella grande para la casa pequeña. Los tacos sobre el piso quebraban el marmol, las pieles que no irrigan su amada ella.
Caminó hacia el espejo mirando perpleja la figura disociada. Acercó la yema de sus dedos al reflejo, clavándo las uñas a la ausencia. ¿Cómo vivir en la casa grande? La imagen en el espejo no contestaba, solo miraba. Bajó el iris hacia los azulejos blancos, el único lugar de la casa pequeña en donde podía leer: el silencio del baño. Levantó los ojos y su imagen aún la miraba. Los ojos se miraban y comprendían en silencios.
Recordó los ojos de su madre. Volvió a la imagen en el espejo con la seguridad de que los ojos reflejados no tenían el odio materno. Miró sus manos nuevamente. No golpeaban como siempre creyó que golpeaban. No pudo recordar las manos de su madre, tantas veces violando la piel parda e hiriendo la piel que eriza.
Sus manos no golpeaban. No eran las de su madre. Oyó su respiración, entreabrió los labios y oyó la voz que no expresa; silencio.
Los pies que caminaban sobre las baldosas de la casa grande eran suyos.
La suciedad de sus pies culpaba su negligencia. Miró la planta de estos, debía bañarse. La hora tardía. Debía bañarse. Izó la vista a ella: las paredes.
Daria; el mundo por el realismo de la fantasía; crueldad innata contra la carencia del intelecto.
Las paredes estaban plasmadas: daría el mundo por nos(otros).
Volvió a mirar la suciedad. Había caminado y en el cuarto no se podía respirar. Volver a irse a ver su imagen sobrecargada de tacto de violencia; la humillación. Tiempo constante en movimiento, minutos más, segundos menos del ayer, vidas más que faltan.
Quería que transcurra el tiempo y sentarse absorta en la soledad de ella, su cerebro.
Entreabrió nuevamente sus labios: tampoco podía confiar en él.
Él hombre al que siempre le habló, su único amigo, no era real. Los silencios hacían el amor con su mente, a travéz de su soledad. No era real. No sabía cuanto había en su amigo que ella hubiera descuartizado: ideas que eran de la casa chica, paredes violetas sucias y añejas. Le habló nuevamente. Dio la orden de respirar. Obedeció.
La invadió la hoja de una navaja sobre su piel irrisoria. Sangre que era de ella, dolor del oxígeno que no se filtra en las ventanas, mandatos cuádruples para dos personas.
Solía no derramar lágrimas a su mente. Guardaba las utopías para su imaginación, crear y destruír imperios que demuelan el imperio que mata. Solía guardar agua para las lágrimas en su cerebro: físicas.
Volvió a murmullar suave, que la casa era demasiado grande y la ausencia de ella violaría nuevamente las paredes, que el piso estaba sucio y sus pies no entraban en la casa chica. Su cerebro no respondió. Su mente miraba perpleja el tiempo.
Tensó su vientre y preguntó al silencio ¿me amas?
El aire seguía sin oxígeno. Miró al piso y cuestionó a su hombre si la amaba. Él escribía estas letras, apoyando manos ficticias sobre el silencio. Él rompía el desamor del aire sin oxígeno, para volver a dejarla confusa; el cerebro sabía que era ella a quién amaba, acariciaba sus fauces que desgarraban gritos de violencia.
La luz dolía a los ojos. Levantó su vista; daria lo que fuera. Gritó exhalando asfixia a su mente, si la amaba. Voces que no necesitaba oír. Su amante, ella.
Mente y cerebro en un rugido atemporal de discursos perdidos, la imagen de la razón es la única a la que la voz corroe. Hacer el amor en costados del mundo para corroer las paredes octogonales del universo que no saben hacer el amor a los pobres sedientos y hambrientos de hoteles cinco estrellas.
Su mente enamorada de su luna, ella en los ojos del telescopio.
Su cerebro soslayando el sol por el alba, en colores ocre que enceguecen las perlas obscuras; el sol perdiéndose al rayar el ocaso, pasión de rojililas que se irán en segundos para volver mañana, luego de hacer el amor con la luna y enceguecerse nuevamente con el sol que duele.

Afuera de las seis paredes de su habitación había rugidos de civilización que tanto odiaba. La acidéz de su estómago no pasaba comida alguna. Dejaba pasar tiempo en la espera de desaparecer el afuera que quiebra fragilidad y belleza. Esperando postrar sus ojos sobre un insantante de atardecer antes de que se vaya, para hacer el amor con la luna y perderse entre el negro de casas ajenas, habitando fantasías del no mundo, soledades que el no mundo quiere, soledades que a su amante condenan:
La luna ella sola, rodeada de estrellas amenazantes con no brillarla, la luna esperando tocar al sol que volverá del otro lado del mundo en el que las estrellas se refugian tras la luz.