Alice in der land

Alice in der land

martes, 23 de enero de 2007

Soslayo de luna bajo las estrellas malditas.

El sol no penetra las rejas de mi ventana,

La noche en penumbras, aún sin amaneceres,
Podría haber caminado pero me sumí en el insomnio…

Ojos negros que solo piensan en la calle vacía,
Ojos negros que vuelven a ver esos caminos y caminar esta noche no fue atrayente,
Casas vacías por ser pobladas,
Casas sin nombres,
Humanos que me desconocen,

Timbres que toco eternamente, suelos que piso,
Sueños que vuelo….

Maldita noche que no es eterna,
Mañana el sol quemará mi sonrisa y
¿Importarán los ojos vacíos?

Bussines is not distribuyed to the exterior;
Ella en su llanto sola en su habitación y yo en el mío.

La veo llorando acostada en la cama,
Leo mis letras y la veo escribiéndola,

La calle en silencio y yo sabiendo que mi piel se seca,
Sueños que amenazan con morirme eternamente,
Sueños que me hacen vivir,

Obsesiones que solo logran hacerme caminar calles vacías,

Manos que tocan caricias que se fueron,
Ellas llorando a la almohada
¿Cómo decirles?
Yo también lloro a mi almohada que hoy no sueña:
Hoy, oniria eterna de las obsesiones: carne de nada, frita, masacrada, carcomida, coagulada.

domingo, 21 de enero de 2007

The daylight dying

Abrir los ojos al cielo y ver el vacío.

Silencio de almas.

Silencio del egoísmo.

Abrir los ojos a la tierra y ver el infierno.

Pasando puertas,

Una y otra vez pasando puertas,

Mirar la palabra corrupción

Mirar y mirar el cielo

Mirar y mirar el infierno: Mirar el infierno ciego: Mirar el infierno del cielo.

Mirar lo que quiero ver.

Ver lo que otros ven.

Querer ver los ojos de otros.

Pero hay ojos: No me miran y se fueron.

Pero mis ojos: Miran soledad.

Vida que sale y ve los ojos del odio.

Vida que sale y ve la imposición: trabajar para la corrupción del mundo.

Vida que quiere una sola corrupción: trabajar para la imposición del mundo.

Mientras tanto a las almas no las toca nadie, las tocan los silencios.

Volvemos al velo: Mirar la muerte cercana de lejos, tocar almas y querer que toquen nuestras sinfonías: Las sinfonías que tocamos a otros.

¿Cómo?

Recuerdo esa frase en un pequeño libro añejado en mis manos… Qué lindo caminar descalzo cuando se tienen zapatos.

The non stupid vanguardism: Sadness.-

Sentir que quiebro el deseo de vida,
Sentir que veo todas las almas que no puedo tocar
No poder rasguñar la mía
Mis lágrimas de la infelicidad alegre,
Ahora que comprendo que poder se puede
Ahora que comprendo que son elecciones,
El egoísmo es la pureza de querer no serlo
Serlo es la pureza de hacerse,

Hacerse, allí en donde el único problema es el mismo:
Caminar hacia un destino en el que la soledad es uno.

Abandonar lo que duele para que vuelva.

Mamá: Abandonarte para tenerlos, tenerlas, tenerme y tener a todos algún día:

Qué no me abandone la vida que no pienso abandonar.

miércoles, 17 de enero de 2007

Luna y Sol: estrellas mundanas.

Despertaba a la hora justa, confusa en aquel aire que ya no corría entre las paredes.
Agudizaba presencias en su oído, para cercionarse de estar con ella. Dando pasos en la libertad perdía el tiempo. Hallándose mirando perpleja las manos que no conocía.
Tocando las pieles que no irigan, su amada ella.
Pasos entre el piso atérmico.
Levantó la vista. La casa siempre fue pequeña de día. La invandió la aplomante desolación. Ella parada en la casa grande para ella. Los pisos hediondos y ella grande para la casa pequeña. Los tacos sobre el piso quebraban el marmol, las pieles que no irrigan su amada ella.
Caminó hacia el espejo mirando perpleja la figura disociada. Acercó la yema de sus dedos al reflejo, clavándo las uñas a la ausencia. ¿Cómo vivir en la casa grande? La imagen en el espejo no contestaba, solo miraba. Bajó el iris hacia los azulejos blancos, el único lugar de la casa pequeña en donde podía leer: el silencio del baño. Levantó los ojos y su imagen aún la miraba. Los ojos se miraban y comprendían en silencios.
Recordó los ojos de su madre. Volvió a la imagen en el espejo con la seguridad de que los ojos reflejados no tenían el odio materno. Miró sus manos nuevamente. No golpeaban como siempre creyó que golpeaban. No pudo recordar las manos de su madre, tantas veces violando la piel parda e hiriendo la piel que eriza.
Sus manos no golpeaban. No eran las de su madre. Oyó su respiración, entreabrió los labios y oyó la voz que no expresa; silencio.
Los pies que caminaban sobre las baldosas de la casa grande eran suyos.
La suciedad de sus pies culpaba su negligencia. Miró la planta de estos, debía bañarse. La hora tardía. Debía bañarse. Izó la vista a ella: las paredes.
Daria; el mundo por el realismo de la fantasía; crueldad innata contra la carencia del intelecto.
Las paredes estaban plasmadas: daría el mundo por nos(otros).
Volvió a mirar la suciedad. Había caminado y en el cuarto no se podía respirar. Volver a irse a ver su imagen sobrecargada de tacto de violencia; la humillación. Tiempo constante en movimiento, minutos más, segundos menos del ayer, vidas más que faltan.
Quería que transcurra el tiempo y sentarse absorta en la soledad de ella, su cerebro.
Entreabrió nuevamente sus labios: tampoco podía confiar en él.
Él hombre al que siempre le habló, su único amigo, no era real. Los silencios hacían el amor con su mente, a travéz de su soledad. No era real. No sabía cuanto había en su amigo que ella hubiera descuartizado: ideas que eran de la casa chica, paredes violetas sucias y añejas. Le habló nuevamente. Dio la orden de respirar. Obedeció.
La invadió la hoja de una navaja sobre su piel irrisoria. Sangre que era de ella, dolor del oxígeno que no se filtra en las ventanas, mandatos cuádruples para dos personas.
Solía no derramar lágrimas a su mente. Guardaba las utopías para su imaginación, crear y destruír imperios que demuelan el imperio que mata. Solía guardar agua para las lágrimas en su cerebro: físicas.
Volvió a murmullar suave, que la casa era demasiado grande y la ausencia de ella violaría nuevamente las paredes, que el piso estaba sucio y sus pies no entraban en la casa chica. Su cerebro no respondió. Su mente miraba perpleja el tiempo.
Tensó su vientre y preguntó al silencio ¿me amas?
El aire seguía sin oxígeno. Miró al piso y cuestionó a su hombre si la amaba. Él escribía estas letras, apoyando manos ficticias sobre el silencio. Él rompía el desamor del aire sin oxígeno, para volver a dejarla confusa; el cerebro sabía que era ella a quién amaba, acariciaba sus fauces que desgarraban gritos de violencia.
La luz dolía a los ojos. Levantó su vista; daria lo que fuera. Gritó exhalando asfixia a su mente, si la amaba. Voces que no necesitaba oír. Su amante, ella.
Mente y cerebro en un rugido atemporal de discursos perdidos, la imagen de la razón es la única a la que la voz corroe. Hacer el amor en costados del mundo para corroer las paredes octogonales del universo que no saben hacer el amor a los pobres sedientos y hambrientos de hoteles cinco estrellas.
Su mente enamorada de su luna, ella en los ojos del telescopio.
Su cerebro soslayando el sol por el alba, en colores ocre que enceguecen las perlas obscuras; el sol perdiéndose al rayar el ocaso, pasión de rojililas que se irán en segundos para volver mañana, luego de hacer el amor con la luna y enceguecerse nuevamente con el sol que duele.

Afuera de las seis paredes de su habitación había rugidos de civilización que tanto odiaba. La acidéz de su estómago no pasaba comida alguna. Dejaba pasar tiempo en la espera de desaparecer el afuera que quiebra fragilidad y belleza. Esperando postrar sus ojos sobre un insantante de atardecer antes de que se vaya, para hacer el amor con la luna y perderse entre el negro de casas ajenas, habitando fantasías del no mundo, soledades que el no mundo quiere, soledades que a su amante condenan:
La luna ella sola, rodeada de estrellas amenazantes con no brillarla, la luna esperando tocar al sol que volverá del otro lado del mundo en el que las estrellas se refugian tras la luz.

sábado, 13 de enero de 2007

... danza y gira sobre la tumba.

Se fué de la esperanza.
Nunca estuvo. Carne en féretro.

Solo yo el cuerpo que giraba sobre su piedra

Geb. aquel año y la obsesión.

Vida y muerte un mismo día de un mismo mes.

La noche y la luna.
El sol nunca estuvo en mi vida, excepto en negro.

Sol el 3 del 12. Soslayo el 3 del 12.

Para mí todo era estrellas a morir:
Amarillas y rojas.

Yo era la luna, la que en el lente nocturno fascinaba.

La estrella multicolor, esa que los ojos no ven.

Solo yo la muñeca que danzaba en replay.

Ahora, alma quemada con fierros abrasados.
Ahora solo eres aquella foto gastada sobre la piedra.

Nunca fuiste las rococó rosas que crío.
Solo yo las hice crecer. Yo para vos en el silencio del nombre muerto.

Las plumas, ellas todas, fueron yo.
Tu letra en un pedazo de diario añejo, eso queda.

Jamâses.

Miro el negro soslayarse por la endija.
Respiro el aire que ya no es tu aire, que nunca fue tu aire en el ébano que te acuña.

Vos bajo la tierra. Yo ya no piso la arena de Storni (el 11).

Las estrellas que fotografían la profundidad del mar sobre la obscuridad líquida. La luna ella, imperceptible entre la luz. Nuestro mar. Yo, tu luna. Las estrellas de más…

Ir a donde no estás.
Solo en los recuerdos te encuentro, desdibujado por las mentiras.

Gritarle porqués a la ira.

Queda mi estética. La decadente elegancia…

Violaré aquellas casas negras que acuñan otros cuerpos.
La putrefacción del tuyo.
El mío perecedero.

Morir ahora, ¿Para qué?

Ni siquiera hay purgatorio: esta vida lo es.

Sucking the jellow of dead bodies hopping me to have you in another skins… .

viernes, 12 de enero de 2007

Mundo de la disfonía silenciosa, grita.

El mundo sigue siendo el hielo amarillo.
Sus voces siguen gritando los dolores que callan.

No sé, diré que no sé lo que sí sé para seguir mueriendo.

Quedan alfaguaras en el vacío,
pero el vacío mece mi cuna.

La beba llora con los ojos.

Ácidos que regurgitan infierno ya vomitado.

Otra vez la otra vez de ayer será la nueva

A donde no termina el mundo que se entendió:
tras el cristal ella gritaba y rompia los ojos ahora secos, ustedes en el ustedes que hacen a su veneno.

jueves, 11 de enero de 2007

Voces de la disfonía

El negro sobre el negro fundiran al índigo
¿El brillo de mis perlas es el alma?

Pero en tí solo hay silencio.

Mis labios que son tuyos.
Aquellos que odio.
La fruta prohibida de mis labios.

Dicen que tu voz es aún más bella que la mía
Digo que mi voz no es bella porque llora

El llanto que canta agoniza las lumbres

Tu que lloras mi ausencia cada centímetro.
Tu que amas unos meses esporádicos en la memoria

Amar los desconocidos es un imposible en la sangre raída.
Seca, muerta, me descoso cual hoja en otoño.

Incierto el veneno.

La piel no se eriza porque hay nada en la semilla de la rosa marchita.
La raíz quebró horizontes.

Perlas negras en la ceguera albina del alba

mortecina