Alice in der land

Alice in der land
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viernes, 22 de febrero de 2008

The nightmare behind reality

La tenue luz se filtraba por la puerta. Ruidos ahogados, almohadas sobre su cabello acariciando el éxtasis silenciado, penetrando él el pecado, mientras yo entornaba esa puerta tan muda cómo mi respiración destripada por la opresión de saberlo dentro de su mirada y entonces sus ojos. Entonces los míos ya no míos, deslizando las cortinas de mis lágrimas para no observar lo que transpolaba mis respiración ausente sobre un te amo.

Entonces te amo evanescente porque las pupilas de él posadas sobre el reverberar de sus ojos de cortesana cordial de favores. Entonces, por favor, sé creíble. Hazte de aquél sueño que es la increíble realidad –aunque no lo creas- porque estuve y estabas y me quebraba y no importaba, le dijo.

No, no importa, no lo sabrá. Si el corazón siente los ojos no ven. Ya sé, sé qué dicen. Aún así seguimos jugando hacia el mismo punto, otra vez volver a soñar que esta vida, que no es la misma, es un sueño porque el sueño es, en realidad, la vida en símbolos. Sí, está ahí, pero dónde, cuándo. Entonces no, no es posible o sí lo sería (lo piensa mejor). La realidad es que nos sumergimos en un interminable abismo (como interminables infiernos) de irrealidades tan reales que ahora, acá (y acá cuándo está despierta, también) es irreal.

(Ella sabe que no, que quién mira para arriba utiliza su lóbulo derecho. Creatividad, entonces la puta de la creatividad, algo tan simple cómo imaginar el modo de controlar las pulsaciones que de repente controlan esa ¿suerte? de felicidad en la mentira que hará feliz a, para ustedes, su Dama. Pero duda, bromeando; qué mejor forma habrá de bromar, se pregunta ella cuando él le acaricia el pelo. Pero no le tiembla la mano. Entonces, no le tiembla la mano. Por eso ella. Muñequita de, gracias).

Pasa, repentinamente, de una canción extrema (cómo hirviendo su sangre a fin de que no hierva su irracionalidad pseudo masoquista –aunque todos sabemos que pseudo es obsoleto-) a el suicidio musical. Entonces ahí o antes, pero antes tenía que ser para justificarlo con ángeles que merecen morir, decide que no hay tanta verdad en sus palabras.

Quizás por eso la paranoia o la paranoia quizás sea la qué. Pero ella sabe cuando esa mueca delinea las palabras inexactas, huecas pero no vacías, porque también habla su mirada evasiva cuando, piensa, no lo observo. Habla. Dice que entonces no, que entonces para qué, pero que entonces si desconfiar sería como amarnos y también cómo delinquir el pensamiento que, obseso, penetra él aroma de las lágrimas que, congeladas, censuraban mis ojos por la autor declara que la declaración de otros fue: no podrás ser querida.

A veces despertar temblando, recordando que el onceavo mandamiento, cuando el sueño que traspasó los párpados para imbuirse en los huesos, cala todo el calor de sus brazos rodeándome. Empezar a temblar y asirlo fuerte para que no se vaya, para que su silencio y su calma onírica me juren que no, que el sueño murió con el fuego con el que me observa, solo cuando es real la irrealidad que no quiere morir.

Por qué.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Continum

(El pecado es una canción mal acabada y puedes caminar recto por la sinfonía sinuosa y aún así perderte en una puerta que abrirá nuevamente al comienzo. A eso le llaman infierno.)

No importa no saber exactamente qué hago en esta carretera y por qué no se ve más que un continum de árido suelo entremezclado con olor a anís añejado.
Escucho una melodía. “Exit music (for a film)” y tampoco quién me dirá que esto no es más que un film, una árida carretera y el vacío a mis lados, y el silencio traspasándome enojado, anger, yes, that’s anger, that feeling, that sin, the sin is a song but the song is hell.
¿Si se hubiera esfumado el mundo entero en mi mundo? Entonces solo quedaría caminar, sentimiento de levitar suavemente por hilos invisibles que sostienen mi cuerpo de aire y cruzar todo ese trayecto en pleno silencio del sonido que grita miles de voces mudas que cruzan junto con mi cuerpo, pero no, porque solo permanezco de pie observando y preguntándome cómo es que he venido a parar aquí.

Algo da el impulso. No sorprenderme: regla inamovible. Repentinamente sigo derecho, la recta del camino sinuoso que entonces no es recta, pero entonces qué importa. Tanto polvo perecedero y tan poco para ver si acá no hay ojos, si acá no hay espejos entonces acá no estoy. Y lo declaro, acá no estoy ¿cómo sé que estoy? Mintieron cuando me dejaron despertar aquí porque me quedé dormida y quizás el alcohol o quizás esto se llame “sueño lúcido” perdiendo nuevamente todo control menos la conciencia y es estar despierto y dormido en una misma imagen y es congelar el tiempo y romper la recta-sinuosa.

Por eso. Algo da el impulso. Me paro y empiezo a caminar y diviso un punto lejano y obscuro. Estornudo. El polvo comienza a derretirme, empiezo a exhalar polvo y de polvo venimos y a polvo vamos y ¿de dónde sale el polvo del mundo? Ahora no importa porque la toco, toco eso, eso, puerta, roble, de nuevo (porque yo sé, esto es un nuevamente de hace un rato).

Solo queda abrir. Abrir y retroceder nuevamente el tiempo al tiempo de cuando no recuerdo cómo ni dónde, o querer retroceder en ese tiempo entonces nada, no hay nada, no me puedo mover hacia atrás, sólo puedo avanzar para retroceder y entonces la angustia y entonces algo así como el día o cómo he llegado hasta aquí ¿alguien me explica?

Pero no hay voces.

Quizás solo mi retrato y una vela roja (me gusta el rojo) y un poco de raso italiano y un bello forro de terciopelo negro y los sollozos incesantes porque no, no llores, no hay que llorar.

Pero los funerales son así, qué le vas a hacer, algunas palabras más y otras que no se han de decir, de ahora a nunca jamás, para no profanar y no jurar por aquello que no existe (porque no creer es no creer o creer quizás en esto hasta que se muere y entonces qué carajo: qué demonios: se irá al infierno o solo existe el infierno.)

Aquí dónde el sueño nunca acabó.

martes, 17 de julio de 2007

Asesinato de la conciencia

El pueblo era eternamente nocturno. Obscuridad, sí, estabamos sumidos en la obscuridad.

Viene él, me dice que vayamos a la escollera, me pregunta si quiero nadar desnuda para él.

-¿El mar de la verdad, cierto? -le pregunto sin dejarlo responder, porque delizo suave mi vestido y me lanzo al agua. Quizás morí, no lo sé.

Él me observa nadar en el mar en el que la verdad es mujer y digo unas cuantas palabras para que las turbias aguas se hagan cristalinas.

El fondo. El cadáver de una mujer en el fondo.

Salgo. Sabor a salitre en mi boca. Él me abraza con una toalla mientras que silencio el crimen visto, en la seguridad de que él lo tiene presente.

Caminamos en silencio varios kilómetros hacia el pueblo de las luces. Recordamos: "Nunca ir al pueblo de las luces". Entonces, se cruzan esas dos mujeres pálidas acompañadas de dos niñas silenciosas. Pasado y presente.

Tengo la seguridad de que aún nadie las ajustició, porque miro hacia las aguas y el cadáver de la dama nada, siguiendo nuestros caminos.

Aquí está. Legamos. El submarino amarillo.

¿Podría mostrarles la verdad? El faro señala esos negros árboles allí dondo se gesta aqyuello que amenaza al pueblo de las luces. Nos hundimos en las aguas y parece no haber vida. Solo un cuerpo, desnudo, gelatinoso... bajamos.

-¿Podrías enseñarnos a ver? -pregunta una de las niñas.

Podría, es solo que no tengo idea cómo. Pero ahí sobreviene, lo presciento, la taquicardia sube, suena la puerta... es él. Me dice que sucedió, que debemos verlo.

Habían encallado el submarino amarillo y el pueblo de las luces estaba dentro. Ya no les mostraba la verdad, estaba congelado en ese sitio, la gente dentro con sus hipócritas risas y cocteles de por medio, yo que observaba el mar, porque ahora muchos cuerpos salían a flote, ahora venía la cuenta regresiva, el mar se llenaba de cuerpos, se encendian las luces a mi alrrededor, el submarino a obscuras y el silencio reinante.

Ahora había vida... y muerte.

martes, 26 de junio de 2007

Cuento XxX: Prohibido para mayores de 18 años.

Perpleja, un instante, con algo ajeno a tus manos, mi mirada en un susurro lejano pero tus dedos, que se deslizan suave cincelando mi silueta, cubriendo mis caderas, erizando mi cintura.
Me quedo tieza, en estado de coma orgásmico, reacción del cuerpo mudo pero luego me vuelvo, palpo tu aroma en mi rostro, mi boca entrabierta a un aliento de tu boca y suplico: te quiero dentro mío.

Luego vos, que me dejás en éxtasis corporeo, librás mi cuerpo del recorrer de tus dedos para moverte, lentamente, y yo, mirada gacha, oculto el dolor de no poseerte pero quién sabe mis ojos agrietados despiertan tu animal instinto y comienzas a desnudarme con la mirada. Mientras yo, leo tus ojos y lo hago. Deslizo mis ropas y sígues mi compás en música, desabrochas esos botones de la inhibición que ahora están de más y acercas tus partes a mi humedad.

Tus labios balbucéan sin dubitaciones: ¿En dónde me querías?

-Dentro mío -te respondo.

Y te siento, por primera vez siento penetras mis partes vírgenes de vos.

sábado, 12 de mayo de 2007

Cuento no fantástico, sencillamente, premonitorio: Ojos sobre el destino.

Recuerda esa verborragia infantil, casi animada por la imaginación y los sueños.
Soñaba dos nenas, doblando la edad, pero si era una nena de 16 y entre idioteces, qué sobre lo predestinado, qué cuando era chica y había soñado, qué el trago amargo, del medio litro del té y el destino. Las galerías de los sucesos con mil bocas y la última salida al laberinto.
Digo, escribo y me acuerdo, cuando veo la tinta rojo sangre.
Me imagino a Selina o Darina, muy bien no supiera el nombre pero más bien empezaba con D, mirándome con esos ojos circulares café, mirándome como anonadada explicando porque café y no té, comprendiendo demasiado, hasta entendiendo una misma cosa a sus 5 añitos de edad.
Pero no está su voz y la oniria descriptiva comienza a entremezclarse por una galería, como si esta tinta ahora estuviera escribiendo los pasajes: la carta que envié hace unas horas, el back de ayer y el sexo en el recuerdo, la nena bonita de hoy y los ayeres.
¿Quién sabe donde hay salidas, cuando el laberinto del sueño te vence y te muestra caminos?

Y sorbo el té, recordando esa mezcla de hierbas, ese día después, ese mes después y la tinta en blanco, luego tomando esa tonada roja, demasiado coagulada, la tinta encerrada en el tubo, muriendo mientras baja por entre las letras. Esperando que la oniria vuelva, para decirme que si es inflexible que tu desición y mi desición hayan sido las autoras del silencio de Darina y quizás, quién sabe, serán autoras del silencio de Katja, pero espero que no, cuando entraste con cuidado y lo sigas haciendo porque cinco años después aún recuerdo el número 6.

Por ahí es esta noche, que vuelve el sueño repetitivo, como tantas veces, antes de que hiera el agua para el té y luego de las 12, sí, de las 12, mi rostro sobre la almohada luego de las 12 y la señora de 28 que sale de su sueño, casi flotando se aparece por esa calle semi desnuda, el salón de fiestas en frente apagado.

El destino no se festeja y sí será, especialmente después de su muerte y ese viaje que recuerda esta tinta.

Ella observa, envuelta entre ese estupor onírico, la pareja casada en la casa de en frente, el aroma a café y su esposa sirviéndole el trago caliente, como si en eso no supiera la perdición de su marido, los meses anteriores cuando la miraba extrañado pero ella, sin estelas de recelo, no irrumpe en la morada.
Más bien se va, por ahora sola, a la vereda de en frente donde sí tiene llaves.
Sabe que es el segundo piso, ahí a donde va a buscarlas, para ver donde las dos nenas solo un número, 12 y 6 y las camas vacías, las persianas cerradas, el claustro de la muerte.
Así, sin más cierra la puerta, pero como si le importara la melancolía. Piensa en ese instante inútil, en ese té que ojalá fuera el único pero falta un año. 6 y 12 y podría haber sido 5 pero, por favor, que cambien, que un nuevo sueño llene esa cama de una bifurcada, que el 6 ya lo hubo soñado y el sueño de nuevo la lleve al 5 de la desición de él y ojalá no más tes.
Pero entonces cerró la puerta, sin más conjeturas, sin más agravios de lo que sabía cuando niña y quizás el número sí fuere 5, porque las galerías pueden ser muchas, podrían, bah, como hormiguitas moviéndose abocadas y el desencanto de haberlo soñado ya varias noches antes, como si supiera y volviera él de nuevo a olvidarse de pedir permiso.
Y va a la habitación de al lado, las puertas abiertas y quién sabe si sí tendría 28 pero el bebé.
La cuna con el velo blanco, los juguetes repartidos por la habitación y una voz que la invita a tomar un café para despertarse.

Otra no queda.