I could lose emyself on the letters
I can walk all the night
Si es que la noche disfusa me pierda
Me perederé mañana
A la vuelta de este funeral
Gente que tipea
Días que no volverán
No podré decir que no,
A nadie excepto a ti.
Memorias recuerdan,
El blanco que escarbarán,
Luchando al odio
Hacerlo a la mar
Nunca más pura
Desde días que ojos,
No formarán.
Me puedo perder en mis letras,
Me puedo perder en la oscuridad
Más regresa en la ironía,
No podré decir que no,
A nadie, menos a ella.
Alice in der land
martes, 8 de mayo de 2007
The un castlle
Castillos sin paredes
Luces morrtecinas se apañan
Tras iris sin arco
La soledad del agujero,
Mañana,
Las lilas infertiles
Gemiran,
El primer humo del día,
Sophisticada dama,
Centella la nada.
Vuelan otra vez al castillo sin paradas,
A ella,
Su nombre solapado,
Tras el libro camuflado
Por rosas aun infloras,
Florece la soledad del agujero,
Quebrando amurados
Gemidos.
Luces morrtecinas se apañan
Tras iris sin arco
La soledad del agujero,
Mañana,
Las lilas infertiles
Gemiran,
El primer humo del día,
Sophisticada dama,
Centella la nada.
Vuelan otra vez al castillo sin paradas,
A ella,
Su nombre solapado,
Tras el libro camuflado
Por rosas aun infloras,
Florece la soledad del agujero,
Quebrando amurados
Gemidos.
lunes, 7 de mayo de 2007
Citas ajenas, con gente con la que me gustaría tenerlas (Parte I)
"Había algo entre el sol y sus cabellos, y él no podía explicarse bien qué cosa era..."
Alfredo Bryce Echenique
"Mi imaginación y mi sensibilidad no se conmueven ante la naturaleza, y los libros me causan tedio. Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada"
Goethe
"Desperté cerca de las nueve de la mañana. Ya no había sol. Por la claraboya se divisaba el cielo encapotado, color panza de burro, el eterno cielo parisino. Ella dormía, dándome la espalda"
Mario Vargas Llosa
"Ya el sol bajaba y el cielo tomaba un matiz de oro rojizo que prestaba a los lirios la magnificencia de las rosas"
Hans Cristian Andersen
"El poeta, en el mundo desterrado, /fue siempre semejante / al albatros, que ríe de las flechas / y ama las tempestades... / intenta en vano caminar: sus alas / son demasiado grandes"
Charles Baudelaire
"Tal vez si el futuro existiera, concreta e individualmente, como algo que pudiera discernir una inteligencia más aguda, el pasado no sería tan seductor"
Vladimir Nabokov
"Y así, sin que nadie haya pronunciado sus nombres ni haya tocado sus cuerpos agobiados, decienden otra vez al misterio de la cama, tras haber cerrado los postigos para dejar atrás el día, un atardecer más"
Ernest Hemingway
"Rejas de color canela; trozos de ladrillo amoratado, como coágulos de sangre; y, por fin, los escarceos de la luz y la sombra en todos aquellos ángulos cortantes y osquedades siniestras"
Benito Pérez Galdós
"El cielo se cubrió de plomo fúnebre, el aire se hizo más fino y penetrante, y el silencio comenzó a tomar formas cuando estalló en las calles un griterío salvaje"
Arturo Uslar Pietri
"Esta noche, pregunta algo que sea contestado en el mundo sin palabras"
Andrés Eloy Blanco
"Dormí una noche en la canoa, balanceándome, mirando la estrellas que para esa época estaban empezando a amarillear"
Juan José Saer
"¿Qué les queda por hacer entonces, más que sentarse cuidadosamente al borde de tu cama, mirando de soslayo la prisión de luz que ha traído la mañana?"
Ernest Hemingway
Alfredo Bryce Echenique
"Mi imaginación y mi sensibilidad no se conmueven ante la naturaleza, y los libros me causan tedio. Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada"
Goethe
"Desperté cerca de las nueve de la mañana. Ya no había sol. Por la claraboya se divisaba el cielo encapotado, color panza de burro, el eterno cielo parisino. Ella dormía, dándome la espalda"
Mario Vargas Llosa
"Ya el sol bajaba y el cielo tomaba un matiz de oro rojizo que prestaba a los lirios la magnificencia de las rosas"
Hans Cristian Andersen
"El poeta, en el mundo desterrado, /fue siempre semejante / al albatros, que ríe de las flechas / y ama las tempestades... / intenta en vano caminar: sus alas / son demasiado grandes"
Charles Baudelaire
"Tal vez si el futuro existiera, concreta e individualmente, como algo que pudiera discernir una inteligencia más aguda, el pasado no sería tan seductor"
Vladimir Nabokov
"Y así, sin que nadie haya pronunciado sus nombres ni haya tocado sus cuerpos agobiados, decienden otra vez al misterio de la cama, tras haber cerrado los postigos para dejar atrás el día, un atardecer más"
Ernest Hemingway
"Rejas de color canela; trozos de ladrillo amoratado, como coágulos de sangre; y, por fin, los escarceos de la luz y la sombra en todos aquellos ángulos cortantes y osquedades siniestras"
Benito Pérez Galdós
"El cielo se cubrió de plomo fúnebre, el aire se hizo más fino y penetrante, y el silencio comenzó a tomar formas cuando estalló en las calles un griterío salvaje"
Arturo Uslar Pietri
"Esta noche, pregunta algo que sea contestado en el mundo sin palabras"
Andrés Eloy Blanco
"Dormí una noche en la canoa, balanceándome, mirando la estrellas que para esa época estaban empezando a amarillear"
Juan José Saer
"¿Qué les queda por hacer entonces, más que sentarse cuidadosamente al borde de tu cama, mirando de soslayo la prisión de luz que ha traído la mañana?"
Ernest Hemingway
Catégorie:
Literatura ajena
domingo, 6 de mayo de 2007
Dionisia, Selene &
Opaca mares,
amanece estigma, de sus reinos pares.
Conversa suburbios, a su dama sabe,
la verá en masoquismos,
de sus reinos pare.
Acéfala noche de su besar suave.
La soberbia irradia,
infortunios usuales.
La agonía innata,
cual astros se atraen,
blasmea a la noche,
que corrompa a los mares.
Ella escandalosa,
tras rayos astrales
le figura la herida
Ocaso,
los lunares.
amanece estigma, de sus reinos pares.
Conversa suburbios, a su dama sabe,
la verá en masoquismos,
de sus reinos pare.
Acéfala noche de su besar suave.
La soberbia irradia,
infortunios usuales.
La agonía innata,
cual astros se atraen,
blasmea a la noche,
que corrompa a los mares.
Ella escandalosa,
tras rayos astrales
le figura la herida
Ocaso,
los lunares.
Catégorie:
Poesías
Se, To not tones
I’be an all
I’ve seen the dak and the brightness
I one little lady
I haven’t seen it all
There’s more to see
The moon in the dark
The sky behind eyes
The crowns behing trees
The wind behind crowns
The world turning back
The words corroing minds
The eyes beeing so cruels
In freaks up sparring,
I belive
Eclipses turn arround
To devastate sensibility
I haven’t seen it all
There is more see.
I’ve seen the dak and the brightness
I one little lady
I haven’t seen it all
There’s more to see
The moon in the dark
The sky behind eyes
The crowns behing trees
The wind behind crowns
The world turning back
The words corroing minds
The eyes beeing so cruels
In freaks up sparring,
I belive
Eclipses turn arround
To devastate sensibility
I haven’t seen it all
There is more see.
(S)ex
Designios obsoletos de la furia
Ilusorios andamios de lujuria
Ella encerrada tras los muros demuele,
El aire que corta,
Rayando tatuadas venas,
Sinapsis de la memoria
Los obtusos versos imprimen la historia
Tras macabros ilusos,
Escondidas tentaciones…
Y el deseo te lleva
Al oscuro final,
Donde ella quizo ir siguiendo el instinto
Olvidando sus besos
La memoria hizo sinapsis
Cuando deshizo las horas
Ahora, ya es demasiado tarde.
Te volviste ajena.
Perdón, es un verso demasiado corto.
Ilusorios andamios de lujuria
Ella encerrada tras los muros demuele,
El aire que corta,
Rayando tatuadas venas,
Sinapsis de la memoria
Los obtusos versos imprimen la historia
Tras macabros ilusos,
Escondidas tentaciones…
Y el deseo te lleva
Al oscuro final,
Donde ella quizo ir siguiendo el instinto
Olvidando sus besos
La memoria hizo sinapsis
Cuando deshizo las horas
Ahora, ya es demasiado tarde.
Te volviste ajena.
Perdón, es un verso demasiado corto.
Cu en to(3): El asesinato perfecto
Se levanta a las 8 am y le dice que todavía no ha llegado la hora. El ahora es demasiado tarde. Busca bajo la cama, la media sin pareja. La coloca en su pie izquierdo, recordando cuando lo besaba. Escucha un trueno sobre el cristal. La miran de reojo, volviendo a ver si el tiempo la ha correspondido. Se vuelve a levantar y gira por séptima vez. Le recuerda a las agujas, gritando a la inesperada noche. El tic de la habitación a obscuras. El tic que siempre tuvo. Tácito no puede escribir el sujeto. Toma la muñeca y mide su pulso. No hay sangre.
El médico le dice que es improbable que viva un minuto más. Ya había cortado el teléfono cuando oyó su voz.
-Dentro de un minuto –le dijo.
Salió a esperarlo. El ojo en auje dilató sus pupilas. Tomó la navaja y lo decidió.
-¿Lo has visto? –preguntó.
Quizo murmurar que no. ¿Para que mentir ahora? Si ella ya lo sabía. Volvió a desnudarse. La piel se le desprendió, sorpresivamente, del cuerpo. Lucía a gelatina hecha hace tiempo. Puso los ojos en blanco.
-Sabes que siempre pasa lo mismo, ¿Verdad? –dijo él.
Quiso decir que no. Quiso mentir. Pero las ruinas estaban por encima de sus leyes.
-Podemos congelar –sugirió.
Pero ella vió que el preparaba el escarpelo. Si tan solo no lo hubiera visto ahí, sentado. Si tan solo no hubiera estado tan sola y no hubiera salido. Lo hizo una vez ya, lo recuerda. El animal preparaba sus garras mientras ella agarra el teléfono desesperada. Llama al 113 pero no tiene crédito. No. Sus palabras se perdían ahí. Rebusca en sus bolsillos y encuentra el periódico de la mañana. Avisos clasificados y una nota que dice que la hallaron con la mirada perdida.
Tan sensual se lleva el escarpelo a los labios, como si se embebiera en la sangre de su lengua. Ella solo quería mirarlo. ¿Y si se lo sugería? Quizás esta vez…
-Arrodillate y mirá el piso –le ordenó.
Ella mustió que la perdone, que no quería ser tan adictiva, pero tuvo que volver.
Los perros en la lejanía aullaban mientras ella gemía en sus dedos sobre el cuello. Recordó el sobre y la fecha. Le daba cuerda, como los mejores.
-¿Por donde querés? –le dijo tratándola como un objeto.
-Ahí –respondió lacónica.
Gimió mientras el embebía su espalda de sangre. Quitó el envoltorio despacio.
-Te tengo una sorpresa, de las que sé que te gustan –le dijo provocativo.
-Probátelo.
Sacó una prenda del armario, el segundo vestido ocre.
-¡Más blanco! –gimió ella.
El tomó el escarpelo y ya sabía donde. La abrió de piernas y coció su boca con un beso.
-¿Escuchás la sinfonía? Melancolic Blues –dijo con sus labios endulzados en el blanco de su piel.
-Parece sonata a la noche, parece a los lunares en mi espalda, el cielo estrellado –dijo con su respiración entrecortada.
-¿Sabés lo que van a decir mañana los diarios, no? –le cuestionó seriamente.
-Sí, sí, sí, sí – dijo melancólica y exitada.
Él tomó la navaja y ya sabía donde. Era él último tajo.
-¿Alguna pregunta? -inquirió
-La hora –dijo ella.
-7:59 am–respondió.
El médico le dice que es improbable que viva un minuto más. Ya había cortado el teléfono cuando oyó su voz.
-Dentro de un minuto –le dijo.
Salió a esperarlo. El ojo en auje dilató sus pupilas. Tomó la navaja y lo decidió.
-¿Lo has visto? –preguntó.
Quizo murmurar que no. ¿Para que mentir ahora? Si ella ya lo sabía. Volvió a desnudarse. La piel se le desprendió, sorpresivamente, del cuerpo. Lucía a gelatina hecha hace tiempo. Puso los ojos en blanco.
-Sabes que siempre pasa lo mismo, ¿Verdad? –dijo él.
Quiso decir que no. Quiso mentir. Pero las ruinas estaban por encima de sus leyes.
-Podemos congelar –sugirió.
Pero ella vió que el preparaba el escarpelo. Si tan solo no lo hubiera visto ahí, sentado. Si tan solo no hubiera estado tan sola y no hubiera salido. Lo hizo una vez ya, lo recuerda. El animal preparaba sus garras mientras ella agarra el teléfono desesperada. Llama al 113 pero no tiene crédito. No. Sus palabras se perdían ahí. Rebusca en sus bolsillos y encuentra el periódico de la mañana. Avisos clasificados y una nota que dice que la hallaron con la mirada perdida.
Tan sensual se lleva el escarpelo a los labios, como si se embebiera en la sangre de su lengua. Ella solo quería mirarlo. ¿Y si se lo sugería? Quizás esta vez…
-Arrodillate y mirá el piso –le ordenó.
Ella mustió que la perdone, que no quería ser tan adictiva, pero tuvo que volver.
Los perros en la lejanía aullaban mientras ella gemía en sus dedos sobre el cuello. Recordó el sobre y la fecha. Le daba cuerda, como los mejores.
-¿Por donde querés? –le dijo tratándola como un objeto.
-Ahí –respondió lacónica.
Gimió mientras el embebía su espalda de sangre. Quitó el envoltorio despacio.
-Te tengo una sorpresa, de las que sé que te gustan –le dijo provocativo.
-Probátelo.
Sacó una prenda del armario, el segundo vestido ocre.
-¡Más blanco! –gimió ella.
El tomó el escarpelo y ya sabía donde. La abrió de piernas y coció su boca con un beso.
-¿Escuchás la sinfonía? Melancolic Blues –dijo con sus labios endulzados en el blanco de su piel.
-Parece sonata a la noche, parece a los lunares en mi espalda, el cielo estrellado –dijo con su respiración entrecortada.
-¿Sabés lo que van a decir mañana los diarios, no? –le cuestionó seriamente.
-Sí, sí, sí, sí – dijo melancólica y exitada.
Él tomó la navaja y ya sabía donde. Era él último tajo.
-¿Alguna pregunta? -inquirió
-La hora –dijo ella.
-7:59 am–respondió.
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